Durante
el año 2006 Acumán asumió el proyecto
del
Hogar Niña María y el del albergue para ancianos
desamparados en Mariquita-Tolima (Colombia). Gracias a la labor
editorial, a la implicación de muchas personas y
especialmente
al interés de Ramón de Aguilar se
consiguió enviar
la cantidad de 20.486,14 euros. El libro Historias
de gente sin historias,
de Ramón de Aguilar, del que se hicieron dos presentaciones
en
Casas Ibáñez y en Requena, ayudó mucho
a este fin.
Para
más información se puede visitar el blog
de Ramón de Aguilar y la continuación
del proyecto por parte de Acumán.
CARTA DE RAMÓN DE AGUILAR, TRAS SU VISITA A LOS PROYECTOS (2
de noviembre de 2006)
Queridos
amigos y colaboradores de Publicaciones Acumán:
Acabo de llegar de Colombia y traigo el
encargo de daros las gracias, por vuestra generosa ayuda, a cuantos
habéis colaborado con estos proyectos, ya sea con donativos
directos o con la compra de los libros de Publicaciones
Acumán o del Mercadillo.
Tanto
las hermanas Betlehemitas y los voluntarios que les ayudan en el Hogar
Niña María, como los componentes de la
Fundación Madre Teresa de Calcuta, que va a construir y
gestionar el albergue de paso para los ancianos desamparados de
Mariquita, querían saber de vosotros y haceros llegar su
agradecimiento. Aunque tampoco yo os conozca, cumplo con el encargo y
os aseguro que su gratitud es sincera.
Visité
el Hogar Niña María y comprobé que las
mejoras no sólo se apreciaban en la entrada (como pudimos
ver en las fotos ya publicadas), también en el interior,
donde los albañiles siguen trabajando. Conocí con
más detalle la historia de esta obra, que empezó
a funcionar hace 8 años y que, después de varios
años de penalidades, éste, gracias a vuestra
ayuda, no sólo han podido avanzar en la
construcción, sino que no han necesitado preocuparse de
cómo subsistir y han podido emplear el tiempo en la
atención y el cuidado de las niñas…
Afortunadamente, la ayuda del Ayuntamiento de Casas
Ibáñez les permitirá seguir trabajando
del mismo modo en los próximos meses.
Algunas
de estas niñas proceden de la invasión "Los
Pinos"; barriada de chabolas en tierra de nadie (sobre las
vías del tren), en el que se han asentado familias desplazas
de su entorno natural por la violencia con la que se enfrentan en
guerra abierta la guerrilla, los diversos grupos paramilitares y el
mismo ejército. Las mismas hermanas Betlehemitas van a
servir de puente para hacer llegar una ayuda del Ayuntamiento de Casas
Ibáñez al grupo de voluntarios "Núcleo
de Trabajo por la Vida, la Paz y la Justicia", que va a desarrollar en
este lugar un programa de nutrición infantil (dirigido a los
niños menores de tres años), y otro de
formación para las madres (algunas con no más de
quince años), para tratar de inculcar algunos valores que
puedan transmitirlos a sus hijos.
En cuanto al otro proyecto, el del
albergue para ancianos desamparados, gestionado por el padre Humberto,
me alegró comprobar que,
como fruto de su trabajo con el grupo de "Amigos de la Tercera Edad";
en el mes de junio se constituyó legalmente la
Fundación Madre Teresa de Calcuta, que será la
encargada de construirlo y de gestionar su funcionamiento. Esa misma
semana tenían previsto firmar la escritura de la compra de
un solar, por el que van a pagar unos 5.500.- euros, más
otros 1.000.- que ya han desembolsado por los impuestos y
trámites previos a la compra. El solar (ellos lo llaman
lote), está muy céntrico, tiene unos 560 metros
cuadrados y en él se inició la
construcción de una clínica, que quedó
sin terminar, pero de la que podrán aprovecharse los muros,
el suelo de la primera planta y parte de los tejados. Como
está muy céntrico y el terreno es más
que suficiente, la idea que barajan es la de hacer dos locales
comerciales para alquilar y, con esos ingresos cubrir al menos los
gastos de los servicios del albergue. Si todo va bien,
podrán empezar la construcción antes de que
finalice este año.
Ojalá y cuando alguno de
nosotros tenga ocasión de pasar por allí,
encuentre todas estas obras finalizadas y funcionando…
Aunque, mejor sería, que la labor de gentes como las
hermanas de la Fraternidad Misionera Betlehemita, los miembros de la
Fundación Madre Teresa de Calcuta y los del
Núcleo de Trabajo por la Vida, la Paz y la Justicia hicieran
posible un futuro mejor en el que nuestra ayuda ya no fuera necesaria.
Ramón
de Aguilar
Mariquita,
cuyo nombre completo, desde el 16 de junio de 1997, es el de San
Sebastián de Mariquita, se encuentra situada en el
corazón
de Colombia, al norte del Departamento del Tolima, de cuya capital
(Ibagué), dista 110 kilómetros, y junto a la
tristemente desaparecida ciudad de Armero (arrasada por la avalancha
que provocó la erupción del volcán
Arenas del
Nevado del Ruiz, durante la noche del 13 de noviembre de 1985,
ocasionando 26.000 muertos y cuyo símbolo humano sigue
siendo
la niña Omaira Sánchez) El
municipio se encuentra en el valle medio del Magdalena. Un territorio
en su mayoría montañoso, aunque cuenta con
extensas
zonas planas, regadas por los ríos Cuamo, Gualí y
Guarinó que bajan sus frías aguas de los cercanos
Nevados del Ruiz y del Tolima. En la actualidad tiene unos cuarenta
mil habitantes, la mayoría de los cuales viven en la zona
urbana, pero también, casi un treinta por cien de la
población, en sus 46 veredas (pedanías), muchas
de
ellas en plena sierra. La riqueza de la tierra, la abundancia del
agua y una temperatura primaveral durante todo el año (con
una
media de 27º), la han convertido en la capital frutera de
Colombia. Sin
embargo, en medio de este bucólico paraje, junto a la
cotidianeidad de un pueblo que se afana por desarrollarse
económica
y socialmente, convive la cruda realidad de la violencia que azota a
todo el país, y que no sólo se traduce en
asesinatos,
secuestros y extorsiones, sino que deja una larga secuela de miserias
en las víctimas (viudas, huérfanos,
desplazados…)
Visité el lugar, por primera
vez, en el
verano de 2002, y disfruté de sus atractivos
turísticos:
la exuberancia de la vegetación, la calidez del clima, lo
delicioso de sus exóticas frutas, la frescura de sus aguas
cristalinas, la riqueza de su pasado histórico, la amable
simpatía de sus gentes… Pero un nuevo viaje, esta
vez en
diciembre de 2005, me dio la oportunidad de conocer parte de esa otra
realidad y de ponerme en contacto con el padre José Humberto
Rodríguez, quien desde su parroquia dirige diversos grupos
de
voluntarios que trabajan por la paz y el desarrollo, contra la
pobreza y las secuelas de la violencia. Participé en una de
las reuniones que celebran los Amigos de la Tercera Edad, que se
ocupan personalmente de los ancianos desamparados, muchos de los
cuales viven en la calle y no tienen un lugar donde dormir;
conocí
así de primera mano el proyecto en el que, aunque con pocos
recursos y muchas carencias económicas, trabajan de forma
estable y desde hace casi diez años. Su intención
es la
de construir un albergue donde poder ofrecer a estos ancianos, si no
residencia, sí una cama para dormir, ropa limpia y, al
menos,
un desayuno con el que afrontar el día.
En esa
reunión pude conocer miembros de
otros grupos de voluntarios, como el de Núcleo de Trabajo
por
la Vida, la Paz y la Justicia, y a la hermana Rosalba Acero, de la
Fraternidad Misionera Betlehemita, que me habló e
invitó
a conocer el Hogar Niña María, donde se da
acogida a
niñas que por la situación de su entorno son
víctimas
o están altamente expuestas a peligros físicos y
morales… (manera delicada de explicar la dura y cruel
realidad que
ha llevado allí a cada una de las pequeñas). Dos
hermanas de esta congregación, con la ayuda de un grupo de
laicos, ha iniciado la construcción de un albergue en el que
(aún sin terminar), tienen acogidas a 30 niñas de
forma
permanente y otras 10 como externas. El proyecto supone la
edificación de cuatro apartamentos (del que casi se han
terminado los dos que están en uso, a falta de puertas y
armarios), con áreas comunes: cocina, comedor, aulas de
estudios, taller, etc… Así como el sustento de
las niñas
(incluyendo ropa, medicinas, material escolar, etc), y un amplio
apoyo educativo, con asistencia psicológica, cursos de
confección, informática, cocina…
En definitiva, a
raíz de estos contactos, y
sin obviar otras muchas necesidades de la comunidad, surgen dos
proyectos, para los que me comprometo a buscar financiación
y
coordinar desde España:
Construcción
de un hogar de paso para la tercera edad.
El
responsable en Colombia es el padre José Humberto
Rodríguez. En
una primera fase se necesitan 5.000 euros, que permitirán
comprar un lote (solar), y los primeros materiales para que el grupo
de voluntarios inicie con sus propios medios la construcción
de un albergue, que contará con dormitorio
múltiple,
aseos, almacén y lavadero para la ropa, cocina y un comedor.
No
se trata de una residencia, sino sólo de un lugar para
pernoctar, asearse y desayunar; atendido por el grupo de voluntarios
Amigos de la Tercera Edad y apoyado por la Parroquia de San
Sebastián.
Mantenimiento
del Hogar Niña María
Antes
que pensar en la necesaria finalización de las obras (el
acondicionamiento de los dos apartamentos existentes, a los que les
faltan puertas, ventanas, armarios, etc…), y la
construcción
de los dos nuevos (que permitiría duplicar el
número de
alojadas), lo que preocupa es conseguir la financiación
necesaria para el mantenimiento de las niñas: Unos 1000
euros
mensuales. Una vez asegurada la cantidad para un año (12.000
euros), la comunidad podría dedicar sus recursos u otras
ayudas que llegaran, a la continuación de las obras.
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